Historias

Asmah, Deca, Ferhia y Hassina (de izq. a der.), cuatro niñas de la región somalí de Etiopía cuyas edades fluctúan entre los seis y los ocho años, fueron sometidas a mutilación y excisión genital cuatro días antes de que se les tomara esta foto.

También es conocida esta práctica como “El Corte del Diablo” ya que al quitar la sensualidad se eliminan las razones para que una mujer busque el placer, así no sentirá “urgencia”.

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EL DÍA MÁS LARGO DE NENÉ

Cada vez que una niña iba a pasar por el trauma de la ablación, las vecinas reclamaban los servicios de la corpulenta Hany Sour, alias Nené, que hoy tiene 49 años. “Yo les abría las piernas y se las sujetaba para que no las cerrasen durante la operación”. Nené, una mujer de la etnia poular, una de las cuatro de Mauritania, también se decidió a mutilar a su hija cuando era un bebé de medio año: “La ablación se hace para que las niñas sean puras, limpias, según nuestra tradición. Sin pasar por eso, ni siquiera pueden servir la comida o la bebida”. Una mañana de hace 15 años, Nené abrió las piernas de su propia hija. Aún oye los gritos, el llanto. Pasaron las horas, pero ni el lloro ni la sangre cesaban. “Fue el día más largo de mi vida. Hubo un momento en que la vi pálida y pensé: mi hija se muere”, recuerda. A las seis de la tarde la llevó al dispensario. “El enfermero preguntó tres veces qué le había hecho a la niña y no quise decírselo. Cuando se lo confesé, me amenazó con no curarla. Yo le conté que es algo que exige la comunidad. Sin pasar por ahí, ella estaría excluida”. El enfermero accedió a curar a la niña, y tres horas más tarde la herida empezó a coagular. Aquella noche, Nené se juró a sí misma no volver a ayudar en una ablación. Pero su hija no volvió a ser la misma.

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LA MUJER DE LA CUCHILLA

Una mujer cuenta cómo su hija estuvo a punto de morir por una hemorragia tras ser mutilada. Otra, que su primer bebé nació muerto porque no podía parirlo. Por eso, en esta reunión, Marian Dadda rehúye la mirada. Ella empuñó la cuchilla de afeitar al menos 100 veces en un año para cercenar el clítoris de las niñas. Cuando llegó en 2003 a M’Bagne, con su marido, albañil, sus vecinas le pidieron que amputase el órgano eréctil de sus hijas. Un año después, la misma comunidad, sensibilizada tras la implantación de una red de microcréditos local, le solicitó que dejara de hacerlo. A sus 27 años, ella ya ha ha parido siete veces. Es analfabeta. Desde muy joven acompañaba a una anciana a practicar la ablación. Un día le pasó la cuchilla a ella. La cuchilla de afeitar es el instrumental moderno de la ablación. Sucedió a la tijera, y ésta, al cuchillo. Marian cortaba el clítoris de las niñas con una cuchilla hervida y después aplicaba perfume y aplacaba la quemazón con agua fresca. Incluso aplicaba a la herida un preparado a base de excrementos de cabra, a los que se reconocen propiedades cicatrizantes. “Me siento como si hubiera matado a alguien”, dice. Marian baja los ojos.

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EL IMÁN Y SU HIJA

El sabio se sienta sobre un viejo cojín de cuero en el patio de su casa de adobe donde alfombras, colchonetas y cabras comparten el mismo recinto. Le escuchan una decena de familiares. El imán Thierno Abdallá, uno de los más influyentes de Mauritania, exclama: “No estoy convencido de que haya que acabar con la ablación. Si el profeta recomienda algo, tiene que estar bien”. Sentada a su lado, su hija Mariata le responde: “Yo soy científica. Mi padre no busca explicaciones, se queda con lo que dice el profeta”. El imán tiene 72 años. Su hija, profesora de Ciencias Naturales en el instituto de Boghé, 43.

“La planificación familiar y la limitación de los nacimientos persiguen debilitar el islam”, prosigue su padre. La ablación está prohibida en Mauritania, le dicen. Él replica: “El Gobierno no nos puede imponer a los religiosos lo que tenemos que hacer”.

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HEMORRAGIA FATAL

Kadijetter Diko tiene 34 años. Se divide entre tres criaturas. A una, la más pequeña, la lleva en brazos. Las otras, dos niñas, se esconden por turnos en los pliegues de su túnica. Una va vestida de rosa, y otra, de verde. Tienen cuatro años. Son gemelas. Rouguiyatán, la chavalilla de verde, está viva de milagro. Cuando tenía seis meses, Kadijetter mutiló a las niñas. Como todas las mujeres que conocía. Aicha no sufrió problemas. Su hermana no paraba de sangrar. Por eso, la madre no ha tocado el sexo de la más pequeña.

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VIDEO

vídeo que relata el testimonio de Hannah Koroma, una mujer de Sierra Leona que sufrió la ablación. El 6 de febrero se conmemora el Día internacional contra la ablación, creo que este video es un paso más a favor de seguir luchando contra esta práctica.

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Un comentario en “Historias

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