Libertad de Expresión

Uno supondría que en la era de la información cualquiera puede dar su opinión y los demás escucharán o leerán con tolerancia. Alguien puede apoyar una religión y otro no y no por ello debería haber discordia entre ellos. Alguien puede apoyar una guerra, un partido político, una ideología y con tanta información a la mano los que no estén de acuerdo pueden discutir el tema hasta el cansancio pero entender que se tiene el derecho de expresar su opinión sin ser criticado por ello.

También uno pensaría que el derecho de opinar está bien protegido y abrigado por las instituciones y eso le da al individuo la seguridad y tranquilidad que será escuchado por más extrema que su idea sea.

Pero el pensar y suponer lo anterior está lejos de ser realidad. Cada vez más se crucifica a quien se atreve a decir algo políticamente erróneo y se ha vuelto una ironía mayúscula que las personas prefieran callar que decir lo que piensan, sobre todo si es verdad. Que opten por la aparente seguridad de un teclado y desde ahí opinen prefiriendo ese virtual anonimato.

Donald Trump está siendo atacado por propios y extraños debido a sus comentarios sobre los migrantes latinos ilegales. Ya solo falta que su esposa se divorcie, su madre lo desprecie, sus hijos lo nieguen y su perro lo mee para completar el bolero latino en que se ha vuelto su vida últimamente.

¿Qué dijo que tan hiriente que ha unido a todos contra él? Veamos, comenzó diciendo sobre construir un mejor muro en la frontera sur por que: “México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas (…). Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores. Asumo que hay algunos que son buenos”

La mayor parte de los mexicanos que migra ilegalmente a Estados Unidos definitivamente no es lo mejor de México. Como tampoco lo es la mayoría de los migrantes del mundo. Generalmente las personas que migran son aquellas a las que las realidades de un país le han negado condiciones favorables para su desarrollo familiar y personal por lo que su situación económica, cultural, educativa y, en muchos casos, legal, está lejos de ser la óptima.

La migración cambió en los últimos 10 años ya que familias con mejores condiciones abandonaron el país debido a la guerra interna que se ha vivido. Lo que suscitó que familias muy distintas a las normales y en condiciones diametralmente opuestas a los migrantes regulares miraran hacia el norte y cambiaran de país de residencia. Pero la migración normal, la mayoría, son del extremo contrario, los marginados.

El ser marginado no es seudónimo de ser criminal, pero esa es la apreciación general y esa es la que tiene Trump. S no veamos, el migrante modelo, el típico es una persona a la que no invitaríamos a conversar en un café, a la que no le tendríamos confianza ni para entablar una plática convencional.Nos hemos encargado en nuestro propio país de verlo como paria, de tratarlo como paria y de convertirlo en paria. Si en casa, si en su hogar, lo tratamos así ¿De dónde esperamos que Trump saque neuronas para verlo diferente?

Esas personas tienen grandes problemas en sus lugares de origen. Y claro que llevan esos problemas consigo. Problemas de salud, de educación, de cultura, de rencor social. A un país que tiene que lidiar ahora con ellos por que en México no les hemos solucionado la vida y hemos obligado a que migren con todo ese bagaje negativo. Y son esos mexicanos que van y forman “clicas” que forman grupos de delincuentes que comercian con droga, con blancas, con gente, con lo que se deje. Ese es el México que ve Trump, por que ese es el que tenemos.

Claro que hay personas formidables, que han logrado superar esas carencias y se han vuelto personajes dignos de imitar. Claro que hay personas trabajadoras que día a día buscan el sustento y una mejor vida para sus familias. Pero cuando llegaron también llevaban problemas y con mucho esfuerzo y sacrificio los superaron. Pero ellos no son la norma, la norma se han vuelto los otros, el “típico migrante”

Si aquí los tratamos como indeseables y delincuentes no podemos esperar que los traten diferente en otro lugar.

Donald Trump dijo su verdad y no es distinta a la realidad. ¿Te duele? cierra los ojos y grita, pero es verdad generalmente. ¿Se te olvida el trato de criminales y casi animales que les damos los mexicanos a los salvadoreños o guatemaltécos? Los vemos como Trump ve a los mexicanos. No veo a una señora de clase media sentándose en un camión de pasajeros a un lado de ellos, después de que han recorrido todo el País, sin sentarse con mucha precaución buscando desesperadamente cambiar de asiento. Los estereotipos siguen pensando por nosotros, pero nos molesta que nos lo recuerden.

Trump siguió hablando y, como es su costumbre, siguió metiendo la pata. El muro es una reverenda idiotez, ya ha comprobado como es inservible. Ningún muro ha detenido para siempre aun pueblo. Pero su mente demasiado americanizada no ve más que soluciones prácticas inmediatas. Continuó metiendo la pata en Twitter “Debemos tener fronteras fuertes y detener la inmigración ilegal. Sin eso no tenemos un país. Además, México está matando a EE.UU. en el comercio” y es que el TLC no ha funcionado en la parte laboral para ninguno de los 3 países. En México nos hemos traído muchas fuentes de trabajo, solo que de pésima calidad. En EU el desempleo ha aumentado, pero su costo es muy alto y no están dispuestos a bajar sus sueldos por obvias razones.

Lo insólito es que un hombre sale y dice verdades y es crucificado por ello en un mundo cada vez más incomunicado ya que por más información que tenemos al segundo, menos podemos ser tolerantes con las opiniones de otros.

Está en su derecho de opinar si ser sacrificado, denota más un sentimiento de culpa que ha sido expuesto como vieja herida y que trajo gritos de dolor y vergüenza, que la tolerancia que tanto solicitamos y que tanto nos ha costado para tener libertad de expresar lo que uno quiera. No fue políticamente correcto lo que dijo, pero para la mayoría de los migrantes, aplica de un modo u otro. A los que no aplica, no deben sentirse aludidos, por que no hablaban de ellos.

Recuerdo un viejo chiste. “Llega un borracho a una cantina y grita – Traigo mucho dinero como para comprar a todos estos hijos de la fregada. Salta de un rincón una persona y le contesta -Oiga, que yo no soy ningún hijo de la fregada. A lo que el borracho le dice – Pues no te compro” Antes de rasgarse vestiduras analicemos lo que se dice, quién lo dice y por qué lo dice y en este caso comprobaremos que la verdad duele, pero tiene que decirse aunque sea motivo de escándalo. 1249669

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