Los Muros si Caen.

De manera reiterada, sin lugar a dudas, el que un partido nuevo gane la elección a un puesto popular solo ha significado que hay más jugadores en el juego, pero nunca, nunca, ha mejorado las condiciones sociales de los esperanzados votantes.

Derechas, centros e izquierdas desaparecieron hace ya tiempo para dejar paso a solo la clase política en general. Luego algunos partidos tomaron nuevas estafetas europeas de moda como “el verde” que inmediatamente se definió como un brazo del PRI. Otros que esperaban tomar impulso con las tendencias social demócratas empezaron también como apéndices políticos de el PRI y del PAN. Morena, como un eructo megalómano de López Obrador, etc.

El caso es que ningún partido ha mantenido la coherencia entre su discurso de campaña y sus acciones de gobierno. Si se esperaba que alguien lo hiciera eran los más radicales, las izquierdas. Se esperaba que aquellos ideólogos, extremistas, y gente “underground” llegaran a una posición pública e hicieran los suficientes cambios como para poder respirar como ciudadano.

La llegada de algunos independientes trae nuevos aires. Nuevo León con su nuevo Gobernador emanado del PRI “El Bronco”, que trae como apoyo a Fernando Elizondo, panista ex Gobernador de Nuevo León (por sustitución) y que era candidato a la gobernatura por Movimiento Ciudadano en esta elección, se dice “Sin ataduras”. En Jalisco, Pedro Kumamoto de 25 años es más independiente todavía ya que nunca militó en ningún partido y ahora es Diputado Local por el Distrito 10. Estos entre otros indpendientes que sirven como consuelo ante tantos castigos.

Pero si van a servir o no y van a comenzar a hacer los cambios que se requieren desde hace décadas, está por verse. Sería bueno recordar lo que sucedió el DF cuando aquellos “underground” de izquierda lograron quitarle al PRI la capital el país, como lo narra Alfredo López Casanova.

En 1997 por primera vez la izquierda electoral ganó las elecciones en la Ciudad de México: la jefatura de gobierno del DF, la mayoría de las delegaciones y una mayoría aplastante en la Asamblea Legislativa. Los flamantes asambleístas procedían de las diferentes organizaciones del Movimiento Urbano Popular (MUP), la Asambleas de Barrios, la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), la Organización Revolucionaria Punto Crítico (ORPC), el Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), la Organización Revolucionaria Línea de Masas (OIR LN), La Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata (UPREZ), La Unión Popular Nueva Tenochtitlán (UPNT), y hasta fracciones de las ex -guerrillas de la Liga Comunista 23 de Septiembre (L23). Estaban, pues, en condiciones de marcar diferencias con el PRI y el PAN, que ya en ese tiempo eran casi lo mismo. Contaban con el apoyo de la población de la capital mexicana, y con una base social construida a través de los años. Podían hacer gala de su legitimidad, porque eran “compañeros” y eran “nuestros” representantes.

Sin embargo, algo falló.

Los que en los años 80 se desgañitaban gritando “Salario mínimo al presidente pa’ que vea lo que se siente” votaron en su mayoría para subirse el sueldo y empezaron su metamorfosis. Cambiaron la ropa de mezclilla por trajes de corte italiano; el metro y la bici por autos y camionetas del año; y el morral por un elegante maletín (que después supimos que era para llenarlo de billetes amarrados con ligas). Se rodearon de asesores y guaruras (o viceversa), y de paso, tras haber abandonado la universidad por la revolución, aparecieron de la noche a la mañana con maestrías y doctorados, porque así lo exigía la nueva política. Por su lado, las otroras “compañeras de lucha” también sufrieron algunos cambios radicales: sustituyeron el morralito por la bolsa Gucci; las botas obreras por los zapatitos Prada; el mercado del rumbo por las tiendas departamentales; y a Simone de Beauvoir por Cocó Chanel (al cabo que las dos eran francesas, pero “Cocó olía más rico” comentaba con sorna una ex –diputada del PRD). En el colmo, votaron por unanimidad para que a las “compañeras diputadas” se les habilitara una estética y a los diputados un gimnasio con spa y masaje.

Ellas y ellos dejaron de ir a las marchas y a los mítines pero se las ingeniaron para ocupar las primeras filas en los desfiles de moda, inventaron una jocosa consigna: “La izquierda bien vestida, jamás será vencida” Para ser coherentes, se mudaron del barrio pobretón –sede de la chusma que los había llevado al poder– porque les traía recuerdos de miseria y hambre.

Los antiguos dirigentes de masas suelen reprochar a sus bases haberlos dejado solos, pero saben que fue al revés. A los campesinos les fue peor: nunca volvieron ni de visita para agradecerles (no vaya ser que se les ocurriera pedirles algo). Los barrios siguen donde los dejaron después de ganar las elecciones, sólo que con decenas de miles de pobres más. Siguen sin luz, ni drenaje, ni agua ni empedrado, ni escuelas, ni nada.

Algunos se retiraron de la política –“es una porquería”, dijeron– y se establecieron como prósperos empresarios. Resulta fácil ubicarlos: unos tienen cadenas de restaurantes, otros empresas de ropa, tiendas de calzado… Un caso emblemático es el de Pablo Gómez, ex-dirigente del 68, diputado por el PSUM, diputado por el PMS, asambleísta, diputado y senador por el PRD, y otra vez diputado. Una vez, en una reunión de la Convención Nacional Democrática, un campesino le espetó: “Usted se ha hecho rico y se ha servido de la política…” Pablo Gómez contestó: “No, señor. Se equivoca. No me hice rico. Me hice millonario y estoy orgulloso de eso, porque lo he desquitado muy bien en la tribuna. ¿O no?”
Hoy, la llamada “izquierda electoral” (que no es ni eso) le advierte a unos electores que quién sabe si en caso de votar lo haría por ellos, que si no le dan el sufragio le están haciendo el juego a los más malos, a los malísimos, a la mafia del poder, negándoles el derecho a la anulación consciente o al abstencionismo basado en el hartazgo.

Cuando un antiguo compañero de organización en la que militaban les reclama por sus altísimos salarios, sus millonarios aguinaldos, sus seguros de gastos médicos, sus casas, sus carros, sus guaruras y lo demás, estos le responden airados: “¡No te hagas bolas, compañero! ¡Lo que tenemos que destruir es lo macro. La parte estructural, el corazón del sistema. Allí está el monstruo a combatir!”10527278_961810823869089_3398122310693599390_n

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