Muerte lenta de una niña marroquí

Más de 90.000 niñas menores de 18 años trabajando como sirvientas en Marruecos, ante la pasividad de los adultos, en una sociedad basada en la servidumbre y los privilegios de sangre
Niña de Marruecos, zona rural
Niña de Marruecos, zona rural

Durante una hora, en la santidad de un hogar de El Jadida, la sirvienta fue golpeada con la manguera de un cilindro de gas. Gritó y suplicó a su agresora, la hija de su empleador, quien la ”tomó prestada” para que la ayudase con las tareas de la casa. La sirvienta, fue golpeada repetidas veces en la cabeza y en la cara con el tacón de un zapato hasta que colapsó en el suelo sin vida.

Su nombre era Khadija y tenía 11 años. Vino de Tagadirt, una pequeña aldea en el sudoeste de Marrakesh. De acuerdo al reporte policial, la asesina, una mujer marroquí de 31 años de edad, estaba molesta con Khadija por arruinar su vestido mientras lo lavaba.

El camino de Khadija en el trabajo infantil no es solitario. Es el mismo que han tomado Zainab Shit, Nawja Bent Bouazza y muchos otros niños. Analfabetos, sus padres no ven el valor agregado de mandarlos a la escuela; el hambre y la enfermedad son realidades de cada día y sobrevivir es el primer objetivo. Ellos, como muchos padres, en su mayoría de un medio rural económicamente deprimido, no tienen otra opción que poner a sus hijos a trabajar tan pronto como son físicamente aptos. Para los niños, el trabajo a menudo es temporal en el campo o en la construcción; o ambulante, vendiendo cigarrillos o lustrando zapatos. Las niñas son enviadas a la ciudad para trabajar de sirvientas o mendigas profesionales.

Cuando Khadija cumplió 9 años, fue enviada a Marrakesh para trabajar como sirvienta. Su padre venía una vez al mes para recibir su salario -menos de 50 dólares-. Ella fue eventualmente despedida de ese empleo. Gracias a “samsara” una oficina que provee sirvientas a sus clientes, fue rápidamente relocalizada en Casablanca, donde fue reclutada por la madre de su asesina.

Hasta que fue cruelmente asesinada, Khadija pasaba sus días puliendo pisos, lavando platos, y planchando ropa. Cada día, se levantaba antes que todos para preparar el desayuno a la familia de su patrón y trabajar hasta tarde en la noche. Para cuando terminaba, sus dedos estaban quemados, su espalda dolía, sus ojos irritados y su piel destrozada. Su infancia fue oprimida; estaba más familiarizada con el detergente que con las caricaturas. No tenía un juguete favorito, un vestido, un cuento, ni menos gozó de la caricia de una madre amorosa o del abrazo protector de un padre bondadoso. No hubo para ella profesores para aprender ni amigos para jugar.

En vez de todo eso, sus padres y la sociedad marroquí le dieron la espalda; fue arrojada en las manos de extraños que la consideraban una bestia de carga, deshumanizándola. Esta gente no estimula la sensibilidad en sus propios hijos sobre este problema, creando una falta de empatía generacional. Estas personas, son las mismas que lloran cuando la heroína de su novela Turca o Mexicana favorita rompe con su novio. En su torcida percepción, su empleador está convencido de que aceptó a Khadija como una excepción. Después de todo, le proveía con un techo sobre su cabeza, comida, ropa limpia, y protección de la prostitución y la mendicidad.

El padre de Khadija retiró todos los cargos contra su asesina. Estoy segura que, como siempre, recibió una compensación monetaria a cambio de la dignidad de su hija fallecida. Asociaciones como “Bayti”, “No Toques a mi niño”, “Manal” e “INSAF” iniciaron acciones judiciales a nombre de la víctima. Es desmoralizante saber que él no fue acusado en ningún momento de un crimen. ¿No es acaso el trabajo infantil un crimen en Marruecos? Claro que sí. Desde el año 2003, cuando el gobierno introdujo nueva legislación respecto al trabajo infantil, pero no se garantiza su cumplimiento.

En Marruecos, los únicos No privilegiados son los niños. La UNICEF y El Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA) estiman que hay más de 90.000 niñas menores de 18 años trabajando como sirvientas en Marruecos hoy en día. Más de 25.000 sólo en Casablanca. Estas estadísticas revelan la repugnante permisividad que existe en el país con respecto al trabajo infantil. Sospecho que el número es mucho mayor.

El Ministerio de Desarrollo Social marroquí considera el problema algo serio que no puede esperar. En su página web, declara tolerancia cero al trabajo infantil y ha iniciado programas para mitigar el asunto. Sin embargo, el Plan Nacional Infantil (PANE), INDIMAJ, un programa diseñado para reintegrar niños mendigos a la sociedad, e INDAQ, destinado a erradicar el trabajo infantil, fallan en alcanzar resultados tangibles.

Los esfuerzos para promover los derechos de los niños en la sociedad marroquí y aumentar el nivel de conciencia de los efectos del trabajo infantil en las futuras generaciones han sido tristes y la mayoría han fallado. La trágica ambivalencia de la sociedad marroquí sobre las esclavas domésticas causa la mayoría de los crímenes contra ellas como abuso sexual y violencia, los cuales no son reportados.

Los marroquís, musulmanes o no, parecen caer en pánico cuando un artista escribe versos del Corán sobre su cuerpo desnudo, pero se muestran relajados ante la victimización de miles de niños. Esta ambivalencia, profundamente arraigada, intoxica el legado cultural desde los tiempos en que tener sirvientes en casa era símbolo de importancia social. Pocas cosas hay más entrañables para una mujer marroquí casada que, mientras recibe a sus visitas, llama a su esclava doméstica para que le traiga la siniya – literalmente una bandeja, pero que en la jerga hogareña marroquí, alude a un juego de té carísimo.

Mientras tanto, legiones de niños se están convirtiendo en adultos, revolcándose en la esclavitud, en un entorno que fomenta la decadencia moral, la enfermedad física y mental. No tienen acceso a la educación y la estabilidad familiar, herramientas necesarias para mejorar sus habilidades y ser miembros productivos de la sociedad. Personalmente, no creo en esas parábolas que tratan de convencernos que estos niños serán prósperos si así se lo proponen cuando alcancen la adultez. Estoy explícitamente en contra de este tipo de modelos vacíos, que dicen a los niños que pueden ser lo que ellos quieran ser. La verdad es, que no pueden ser lo que ellos quieren. El mundo decide lo que puede y no pueden ser.

Hasta que la sociedad marroquí en su conjunto, denuncie y haga cumplir las leyes en favor de la infancia, de manera proactiva, y la Convención de la Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, no podrán soslayarse los vacíos estructurales de una sociedad basada en la servidumbre y en los privilegios heredados por cuestiones de sangre, que encadenan el progreso de las generaciones venideras.

http://www.webislam.com/?idt=20635 Texto original en inglés en: http://cabalamuse.wordpress.com/

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