Luciérnagas

Las personas perdemos el tiempo construyendo cosas que no sirven para nada, o atesorando objetos inútiles cuya única finalidad es acumular polvo hasta que el tiempo y el deterioro ponen punto final a su inútil existencia.

A veces, determinados sentimientos y algunas de nuestras relaciones a lo largo de la vida son solo eso, cosas inútiles, castillos de arena mal construidos condenados a desmoronarse al primer golpe de viento.

¿Qué sucede con las viejas pasiones y los viejos sentimientos? ¿con los amores inconclusos? Encontrarse de nuevo con el primer amor despierta emociones ya olvidadas, como músculos que ya no usamos y que habíamos olvidado que teníamos. Trae aires frescos y familiares y creemos que podemos revivir pasiones comenzando donde nos quedamos. Nos hace sentir que hemos vivido en el error.

Que poco cuesta construir castillos en el aire y que cara es su destrucción.

Cambiar lo construido en tantos años para recuperar relaciones antiguas generalmente es un error que sólo logrará momentos de pasión a cambio de años de dolor.

Es bonito ver esos reencuentros en el cine, pero en la realidad destruyen vidas. Destruyen las vidas que fuimos creando con esmero, con cuidado y cariño, y que ahora llamamos familia. La de un lado y la del otro, y todo por sentir nuevamente lo que alguna vez se sintió. Hacemos a un lado lo establecido por la excitación de lo prohibido.

Da pena ver a una persona tratando de juntar y pegar los pedazos del espejo que quebró. Como toma cada pieza y suplica para quevuelva a quedar igual y cada vez que se mira en el remedo de espejo ve sólo el rostro desfigurado de su nueva vida. Ya no puede recuperar la confianza de su pareja, de sus hijos, de sus padres.

La tranquilidad es monótona, más la monotonía no debería tomarse peyorativamente, negativamente. Y en un mundo dónde las personas no tienen armonía interna, suelen buscarla en lo extremo.

El que mira afuera, busca. El que mira adentro, encuentra.

Es triste ver como se arriesga a una familia solo por la emoción del momento. Es dejar diamantes por perseguir luciérnagas.

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