Odio

Cuando Obama ganó las elecciones, un sentimiento de impotencia y coraje se apoderó de muchos extremistas americanos. Para algunos el diablo había llegado a su adorada Casa Blanca, para otros era un musulmán usurpando el lugar más privilegiado de la hegemonía caucásica. Y para los menos afectados era un “negro”, no un afroamericano, que no debería realizar tal sacrilegio.

Estos sentimientos no eran nuevos, estaban siempre latente en sectores radicales, pero la elección destapó una especie de caja de Pandora y los grupos Republicanos los trataron de explotar para su beneficio. Vieron, equivocadamente, que había capital político en expender este discurso de odio.

John MacCaine se veia limitado por su edad, y aunque Sarah Pailin al final de la campaña fue más un lastre que un activo, era la elección natural e inmediata para trasmitir esta política de odio y tratar de recuperar Washington.

El mapa de “blancos u objetivos” que ella sacó en su campaña contra la propuesta de Obama para reformar el sistema de salud, ocasionó muchos re tractores, incluso republicanos. Pero el poner una mira en los distritos donde se encontraban los más fuertes adversarios y utilizar en sus discursos palabras como “arrasarlos“, “limpiarlos“, “eliminarlos” irresponsablemente avivan llamas que no deberían. Gabrielle Giffords era uno de esos problemas que ella señalaba y la frase encima del mapa “Diagnosticamos el problema… ayúdanos a prescribir la solución” puede ser tomado literalmente por personas radicales.

Además de frases “No hay que retirarse, hay que recargar“,o  “Da en el blanco por la victoria en Noviembre, ayuda a sacar de su puesto a Gabrielle Giffords dispara una M15 automática con Jesse Kelly – el contrincante republicano de Giffords-” utilizando una jerga más miliciana que política, nos da una idea de como trataban de explotar estos sentimientos, a pesar de que lo nieguen. Más ahora, que seguramente lo estarán lamentando, no tanto por la vida de la congresista de Arizona, si no por los votos en contra que esto les traerá.

El juez asesinado era republicano. Nominado por Bush padre por recomendación del senador McCain. Un juez que en 1994, por cierto, actuó contra una ley de Clinton a favor de mayor control de armas por considerarla anticonstitucional.

Ignoro las razones que llevaron a Jared Lee Loughner a realizar el acto. Incluso a modo de teoría conspiratoria no estoy seguro si fue realmente él o sólo lo plantaron. Pero después de lo sucedido en Arizona, la clase política de ese país y los medios de comunicación, tendrán que darse cuenta que permitir un discurso que aliente el odio y el radicalismo no es una extensión de la libertad. Tendrán que tomar una posición clara respecto a como manejarán esto en el corto plazo y deberán entender que seguir el mismo camino sólo traerá más odio y más muertes.

Una duda surgió al sur de la frontera cuando comenzó a escucharse la noticia del tiroteo en Arizona, ¿ Fue un mexicano? por que ya nos imaginábamos toda la campaña de odio que correría hacia nosotros. No nos es ajeno como el americano radical puede convertirse en un psicópata armado que irracionalmente actúa contra lo que no le es agradable o familiar. Y fue un descanso (supongo que igual sintieron los musulmanes) cuando se conoció el nombre del supuesto atacante.

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