Todo el mundo llegó al pueblo

Acabo de ver una película (Diverted) que me agrado bastante. Me puse a buscar información en internet y encontré mucha sobre este hecho que desconocía.

Este post debería ir en mi blog de curiosidades pero me agradan las buenas acciones por ello lo ubico aquí. Una descripción muy agradable la encontré en el excelente blog Fronteras y la copió a continuación.

Un día como hoy de hace nueve años (nueve años, sí) un comando de 19 terroristas asesinó a casi tres mil personas estrellando aviones en Nueva York, Washington D.C. y Pensilvania. Es algo que todos los que teníamos uso de razón en aquel día inconcebible de hace nueve años (sí, nueve años) recordamos con absoluta precisión. De entre el terror y el estupor que embargó a medio mundo aquel día, hoy rescatamos una pequeña y bonita historia; la de como el pequeño pueblo deGander, en la isla canadiense de Terranova, tuvo que afrontar la llegada de casi siete mil personas a un lugar que carecía por completo de infraestructuras para alojarlas, y de cómo los habitantes de la pequeña localidad los acogieron y les brindaron una hospitalidad que se recordaría durante mucho tiempo.

Bienvenido a Gander (fuente)

Apenas una hora después de que el infierno se desatara en el Sur de Manhattan, la FAA, la autoridad federal de la aviación, ordenó el cierre del espacio aéreo; a partir de ese momento ningún avión pudo despegar y todos los que se encontraban en el aire fueron obligados a aterrizar en la pista más cercana. Los vuelos procedentes de Europa y Asia recibieron la orden de aterrizar en Canadá. En total, unos doscientos cincuenta vuelos intercontinentales, con treinta y cinco mil pasajeros a bordo, fueron desviados a aeropuertos canadienses. La operación se denominó Yellow Ribbon (lazo amarillo). Catorce aeródromos de costa a costa y de norte a sur recibieron a los miles de pasajeros que esperaban aterrizar en San Francisco o Nueva York. Uno de los que más aviones tuvo que acoger fue el pequeño aeropuerto de Gander, en Terranova.

El pequeño aeropuerto de Gander, Terranova.

Gander es un pueblo de unos diez mil habitantes. El aeropuerto de la localidad, construido en los años treinta, había sido durante varias décadas una escala obligada para las aeronaves procedentes de Europa, al encontrarse en la trayectoria ideal para los vuelos hacia EE.UU. Gracias a ello disponía de una pista larga y en buen estado. En el año 2001 operaba menos de diez vuelos al día, la mayor parte de ellos pequeños aviones de baja capacidad. En las horas que siguieron a los atentados recibió 38 aviones de fuselaje ancho, incluidos varios Boeing 747, que eran casi más grandes que la propia terminal. Más de seis mil pasajeros y cuatrocientos miembtros de las distintas tripulaciones llegaron de repente a la localidad, en muchas ocasiones sin ni siquiera saber por qué demonios les habían hecho aterrizar en un pequeño pueblo de Canadá. En una mañana, Gander aumentó en un 70% su población, sin saber cómo demonios iban a alojar, alimentar y mantener a toda esa gente.

Espectacular imagen del Aeropuerto de Gander el día 12 de septiembre de 2001 (click para ampliar). Un total de 38 aparatos aterrizaron en el pequeño aeródromo; como no tenían sitio para metermos a todos la propia pista sirvió de aparcamiento; en la fotografía se ven los dos extremos de la pista atestados de aviones.

En total, en Gander y sus alrededores había tan sólo 500 habitaciones de hotel, mucho más que insuficiente para acoger a las 6.500 personas que habían recalado allí. Los pasajeros llegaban agotados, asustados y nerviosos (la mayor parte de ellos tuvo que pasar horas en el avión antes de poder desembarcar), sin saber cuándo podrían volver a casa o simplemente salir de la isla. Y entonces es cuando la gente de Gander y de los alrededores se ganó un lugar en el recuerdo y en el cielo, si hay tal cosa. Polideportivos y colegios en setenta y cinco kilómetros a la redonda fueron cerrados y transformados en dormitorios mientras los estudiantes se ofrecían voluntarios para atender a los “invitados”; las mantas, las almohadas y las sábanas fieron llevadas allí por los ciudadanos locales, que ofrecieron inmediatamente sus casas, sus camas, sus neveras y sus teléfonos, también sus conexiones a Internet, sus coches y, sobre todo, su hospitalidad, a los pasajeros atrapados, a los que pronto se les empezó a llamar plane people (la gente del avión).

Otras dos vistas del aeropuerto de Gander el día 12 de septiembre de 2001.


Una mujer embarazada fue alojada en casa de una familia que residía junto a una clínica, los ancianos fueron enviados a residencias y casas particulares, se mantuvo juntas a las familias y se procuró que todo el mundo estuviera lo más cómodo posible. Los habitantes de Gander y el resto de sitios se volcaron con los recién llegados como nadie podía imaginar. Les prestaron ropa (la de los viajeros seguía en los aviones), fichas para la lavandería, teléfonos móviles, todo lo que fuera necesario para que la gente de Atlanta, Nueva York o Dallas que estaba allí tirada pasara el trago lo mejor posible. Los comerciantes y la gente en general, respondiendo a un llamamiento de la radio, proveyeron a los pasajeros de infinitos botes de desodorante, cepillos de dientes, ropa interior, jabón y cualquier artículo de primera necesidad que pudieran necesitar. Una familia de judíos ortodoxos recibió comida Kosher, unos refugiados moldavos que no hablaban inglés fueron acogidos por la iglesia local. La sede local de la compañía telefónica instaló locutorios para que los atrapados pudieran llamar gratis a casa. Vecinos de localidades a cien kilómetros de allí prepararon cientos de bocadillos y condujeron hora y media hasta Gander para entregárselos a las autoridades. Según cuentan los implicados, aquello fue sencillamente impresionante.

Pasajeros en el gimnasio de una escuela de primaria de Gander, el 13 de septiembre. Muchos dormirían allí hasta el día 15 de septiembre, cuando el último de los 39 aviones despegó del aeropuerto.

Los 6.600 viajeros y tripulantes atrapados en Gander permanecieron allí entre tres y cinco días. Los canadienses no se limitaron a cubrir las necesidades básicas de los extranjeros atrapados en su pueblo; durante los días que pasaron allí les llevaron de excursión a la costa o a los bosques, les consolaron, rezaron con ellos y, en general, fueron los perfectos anfitriones de miles de completos desconocidos. Más de setecientas familias acogieron al menos a un viajero en sus casas; metieron a completos desconocidos en sus hogares únicamente porque era lo que había que hacer. Las despedidas estuvieron llenas de abrazos y lágrimas. En sólo cinco días Gander, y Terranova, se habían ganado el corazón de miles de estadounidenses, y de sus familias, y de todos los que formaron parte de aquella bonita historia.

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