Reinventar el Gobierno

Es una práctica normal quejarse de lo que hace alguien más. Y si ese alguien es Gobierno entonces la queja salé más fluida, más fácil. No es sólo una práctica mexicana, lo mismo pasa en Suiza o en Timbuctú.

Tampoco la ponen difíciles los gobiernos. Hay situaciones que con el menor de los sentidos comunes se realizarían diferentes y con mejor éxito, así que pareciera o que no piensan al hacerlas, no planean, no les importa o, más fácil, las hicieron para ellos tener una ganancia personal sin importar los resultados.

El actual gobierno de mi ciudad (Hermosillo, Sonora, México) esta presidido por un empresario exitoso, Javier Gándara, del cual pocos pueden pensar que llegó a este puesto para enriquecerse. Lucho muchos años por el puesto, contra propios y extraños. Tenía varios proyectos interesantes que le fueron copiados por otros candidatos que le ganaron en elecciones anteriores y se le conoce como buena persona.

Lo anterior hacia suponer que su gobierno estaría bien perfilado y su experiencia en la iniciativa privada como dueño y director de empresas grandes, haría que no se experimentara en imponer soluciones afectivas y efectivas a los problemas locales.

Pero ya estamos por cumplir 1 año desde que el tomó el puesto (son 3 años de gobierno solamente) y la ciudad va en franca decadencia. No hay ningún proyecto de fondo objetivo, los servicios públicos básicos han carecido de buen mantenimiento y están en declive alarmante; familiares muy cercanos han estado haciendo negocios en el gobierno y los funcionarios actuales siguen pagando su inexperiencia. Las bondades de este gobierno nos están costando muy caro.

Me parece que Gándara ya se dio cuenta que no es lo mismo quejarse desde fuera que “bajarse de la barrera y entrarle al ruedo con el toro”. Las buenas intenciones se diluyen ante estructuras tan ineficientes como la gubernamental, ante los cientos de intereses de particulares de hacer negocio con los dineros públicos, o ante la gran tentación que implica para sus allegados amarrase las manos ante ese tesoro recién encontrado. Es más cómodo quedarse de este lado y quejarse de cada acción sin sentido que realice un gobierno.

Entonces, se eligió a una buena persona, con buenas intenciones, preparada y con conocimiento de llevar a buen fin proyectos que empieza, además su situación económica permite pensar que no es el dinero su principal motivador para buscar el puesto. Pero aún así los resultados dejan mucho que desear. Así que la solución no es que la administración municipal esté en manos de personas con este perfil, que es las que buscamos como ciudadanos.

No hay escuelas para presidentes, principalmente por que no habría maestros que enseñaran en esas escuelas. Pero si es necesario comenzar a buscar nuevos perfiles. Ya que si esto que le sucede a un gobierno de una ciudad con menos de un millón de habitantes, que se dirige a terminar donde terminan todos lo demás gobiernos, en buscar culpables y “enemigos” del por qué no se hizo lo planeado, ¿Qué podemos pensar de gobiernos Estatales (provinciales) o de un país?

¿Cómo elegir a los nuevos gobernantes? más aún ¿cómo controlar sus acciones e idioteces en un mundo más comunicado? Hay formas, y la democracia virtual será de gran ayuda pero tenemos que irla preparando desde ahora, para que en una generación más se tengan acciones de gobierno más concensadas, plebiscitos inmediatos y por lo tanto un gobierno hecho por todos. De esta manera dejaremos de esperar que una sola persona resuelva los problemas que todos creamos cada día y no ayudamos en resolver.

Mientras esta quimera mía se da, seguiré transitando en calles destruidas por la lluvia y que el gobierno no tiene como repararlas,claro que tampoco me pagará la suspensión dañada de mi auto. Y seguiré esperando que esa persona bien intencionada que ahora administra mi ciudad tenga la decencia, integridad y/o la claridad mental para salir públicamente a disculparse y acepte que no era lo que él esperaba y que hará lo imposible para traer inversiones e ideas novedosas que arreglen estos problemas que él no puede.

No hay dinero en los gobiernos y la principal característica de los nuevos gobernantes será ver como traerlo o generarlo lejos de las prácticas normales de elevar impuestos o multas en sociedades cada vez más cansadas.

Curiosamente los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado.

Alberto Moravia, periodista y escritor italiano.

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