“Lo hicieron por ignorancia, a lo mejor no lo sabían. En tal medida puede aplicárseles el precepto de Jesucristo: ‘perdónalos, porque no saben lo que hacen”

Pedro Elizondo, (obispo legionario de Cancún)

Puedo entender perfectamente como hombre la necesidad física, la urgencia sexual que tiene un sacerdote. Me es fácil comprender que un sacerdote católico vaya a otros lugares lejos de su parroquia, y busque desahogo en un burdel.

Lo que me cuesta entender es que la búsqueda no es del sexo opuesto, no es con una mujer con la que quieren calmar sus “bochornos”. Es primeramente con una persona del mismo sexo y además, empeorando la situación, menor de edad.

Entonces no es el instinto natural el que aflora. No es la naturaleza golpeando como ola a la roca, buscando dar salida a ese ímpetu de reproducirse.

Es más bien una mente ya enferma que obliga buscar el placer en lo prohibido. No es que apoye en ningún momento que violen a niñas, pero esta acción tan reprobable seguiría quedando de un solo lado de la línea, pero en este caso cruzan la línea.

Entonces es claro que son mentes perturbadas, no son homosexuales solamente que buscan en la institución eclesiástica una cueva oscura que los cobije de esas acciones y deseos que los tienen atribulados. No, si fuera sólo homosexualismo (por que está de moda ) buscarían entonces burdeles para hombres,  sus pecados serían entonces de un solo lado de la línea.

No buscan mujeres, no buscan hombres, buscan indefensos de su mismo sexo, y eso me deja claro que hablamos de personas enfermas. Deberían hacer exámenes psicológicos a los sacerdotes, ya no por parte de la iglesia, sino por parte de la sociedad ya que de cierta manera son cuasi-servidores públicos. La iglesia no los hará por que no harán nada para reducir el ya de por sí ínfimo número de aspirantes en sus seminarios.

No es nada nuevo lo que sucede. Lo nuevo es que saló a la luz pública, y eso gracias al internet ya que la herramienta consigue poner al segundo y al rededor de casi todo el orbe, una noticia. De otra manera seguiría oculto lo que pasa allende de nuestras costas.

Esto ocurre desde que el mundo es mundo pero no por ello está bien, mucho menos cuando viene de los mismos que lo critican.

No es sólo un crimen, es una aberración, es un abuso de confianza, es un acto inmoral aquí y en Tumbuctu; en pocas palabras, son chingaderas.

Ahora le toca al Papa juzgar y castigar lo que el mismo tapó. Se tendrá que llevar entre las patas a propios y extraños, empezando por una organización de 70,000 miembros y de un presupuesto de 650 millones de dólares que ha servido de gran ayuda a la iglesia para conservar y en algunos casos recuperar nichos de creyentes.

Difícil será para el actual pontífice desbaratar lo que el mismo ayudo a levantar. Pero sabe que no hay otra forma si quiere sostener su iglesia sobre las mismas bases en que fue fundada. De otra manera el celibato corre peligro, y si este pilar cae, también lo harán los pilares del templo, entonces Roma habrá encontrado a su Sansón.

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