A Fuego Cruzado

No es nada agradable estar en medio de una guerra. Pero así nos encontramos como sociedad, a fuego cruzado entre varios bandos. Por un lado los dos más visibles, las fuerzas públicas y el crimen organizado. Por otro están los policías corruptos que no sabemos de que bando están, las autoridades corruptas, los ciudadanos que con su silencio y ostracismo avalan el comportamiento de los anteriores.

Pero, sin propuesta de alternativa sensata, el estar solamente en contra de lo que Calderón hace se torna reaccionario. Se insiste en que el gobierno federal revise, replantee o corrija su estrategia de combate a la delincuencia organizada, pero no se le da alternativas. Es fácil venir con problemas o con críticas, lo difícil es hacerlo con soluciones.

No se si sea esta la estrategia adecuada, lo ignoro. Pero si se que esta guerra urbana de guerrillas terminará con más bajas del bando más desprotegido, el bando civil. Y con un ejercito mermado en presupuesto y conocimientos, contra un enemigo que compra armas en ferias internacionales, el fin de esta guerra no está cerca.

Colombia si logró acabar la guerra, pero la diferencia es una muy pequeña, aunque comparada con México la diferencia es muy grande, ya que implica afectar a una de las vacas sagradas del populismo. Los colombianos lo lograron abriendo su soberanía, permitiendo que fuerzas de inteligencia de Estados Unidos los ayudaran desde dentro. Quizás esa sea la política de nuestro vecino, debilitar nuestra resistencia a la intervención extranjera y de esa manera poder influir en las decisiones de manera más directa. Quizás esa sea la manera de socavar nuestra soberanía. Pero ¿en verdad importa tanto la soberanía?

En este punto escucho el rasgar de vestiduras, y como a ultranza se defenderán las instituciones impolutas del país, la nacionalidad, el “mexicanismo mismo”, el indigenismo, creo que hasta el mole poblano y toda esa bola de herramientas demagógicas que se utilizan en los discursos públicos y que muchos realmente las han comprado. Pareciera que la soberanía por si sola nos traerá una diáfana claridad en nuestro futuro.

La soberanía se invoca para "preservar monopolios onerosos, leyes obsoletas, burocracias opacas, sindicatos fodongos, favores clientelares, chatarra oxidada; o xenofobia proteccionista. La soberanía para morirnos de hambre".

Si queremos que la balanza en esta guerra se incline a nuestro favor, el de la sociedad civil, hay varios puntos por cumplir. La sociedad deberá involucrarse y comenzar a vigilar su perímetro, conocer a sus vecinos y denunciar cualquier arbitrariedad dejar el silencio y la comodidad que da la indiferencia. La clase política deberá entender que el enemigo es mayor que nosotros, no son las bandas o cárteles mexicanos solamente. Son mafias rusas, chinas, centroamericanas y estodounidenses las que han tomado el país, y si el enemigo es superior sólo queda morir como héroes o aliarse para vencer. Yo opto por la segunda. Los nacionalistas argumentaran “Más vale morir de pie que vivir de rodillas”, yo les contestaría “¿ y no podemos subsistir sentados?“.

El enemigo es demasiado grande, por que el mayor mercado es nuestro vecino y nosotros tenemos mejores condiciones para el tráfico que Canadá. Nos estamos “poniendo a las patadas con Sansón” y saldremos perdiendo, sólo con una alianza igual de poderosa podremos tranquilizar al país. Sólo así podré salir a Mazatlán, al D.F., o a la Sierra de Sonora, o simplemente salir a la calle con mi familia. ¿Será vender el país si nos unimos con nuestro vecino del norte cuando ya no hay esperanza de recuperar lo perdido? ¿en verdad puedo vender lo qué no tengo?

Si así fuera, prefiero vender y quedarme con el 1% de algo, que seguir igual y disfrutar del 100% de nada.

Prefiero mil veces un mundo sin fronteras que aquellas que imponen los nacionalismos. Prefiero un mundo sin países que aquellos creados bajo las soberanías exacerbadas; prefiero un metro cuadrado de paz que mil kilómetros de soberana zozobra. Y seguramente no estoy solo en estas preferencias.

Javier Arredondo y Jorge Mercado

¿Cuántos muertos más necesitas? 49 bebes mueren en una guardería víctimas de la indolencia y corrupción y Hermosillo se levanta. El joven Fernando Martí muere en manos de la delincuencia organizada y el D.F. también sale a las calles.  Hoy dos jóvenes y brillantes estudiantes mueren en Monterrey, espero que la ciudad indignada haga sentir su molestia o al menos los estudiantes, donde realmente se gestan los cambios, salgan a las calles, tomen los sitios web y comiencen a hacer la diferencia.

En este último caso los sicarios a los que se trataba de apresar, huyeron en patrullas de policía, patrullas conducidas por por los mismos policías, que fueron expresamente a salvarlos. Las fuerzas federales golpearon al menos a uno de los estudiantes lo cual quiere decir que definitivamente los confundieron, ya que sus credenciales están perdidas y se les había puesto armas por un lado, tratando de inculparlos. Yo estudié en la misma institución y es imposible andar sin la credencial, se ocupa para todo, para entrar a la biblioteca a los centros de cómputo, etc. Así que fueron revisados y se les extrajo la documentación, al darse cuenta del error trataron de incriminarlos dejando armas a su lado.

Es muy difícil confundir a un estudiante del tec con un sicario. Lo que habla de la poca preparación de las fuerzas policiales. También habla muy mal del gobierno de Nuevo León y su procurador, deberían renunciar. Y si el rector Rangel Sostmann ( Softman parece más adecuado) no impone la fuerza que una institución a la altura del ITESM tiene a nivel nacional, seguramente su cabeza también tendrá que rodar. Deberá exigir y presionar con toda el poder económico que soporta al tec.

Ahora esta institución tiene más fuerza que en 1973*, y deberá usarla si en verdad quiere hacer cambios en el país ya que tendrá que empezar con sus ciudadanos que ahora se preparan en ella. Espero que eso lo entienda Rangel y presione al Estado de Nuevo León, Estado que tanto le debe al ITESM, y al gobierno de Calderón, que también le debe mucho.

Hasta ahora la declaración de “el narco nos quiere amedrentar” de su reactor, suena muy suave, por demás tibia, de ahí lo de Softman. Las autoridades no han hecho más. Da pena que no se vea un resquicio de autocrítica de parte de nadie, ni un atisbo de humildad, de empatía, de responsabilidad.

En verdad que desorden. Los municipales apoyando a huir a los atacantes, las fuerzas federales sin la capacidad de poder distinguir entre un estudiante del tec y un atacante, sin preparación para armar operativos en zonas urbanas. Luego tratando de enmascarar su error dejando armas a las víctimas, el procurador y el rector saliendo a decir que ningún estudiante había sido herido. Y nada de autocrítica de parte de las instituciones, error tras error y hasta ahora nadie ha levantado la mano para decir “me equivoqué” aunque los errores saltan a la vista. El primer paso para mejorar es aceptar que estamos mal.

* Fue en 1973 cuando matan en un intento de secuestro Eugenio Garza Sada, fundador del ITESM. Durante sus funerales fue leido un discurso frente a Echeverría en el que muchos párrafos pudieran ser leidos en los funerales de estos estudiantes, espero que ahora lo lean frente a Calderón:

Que sus asesinos y quienes armaron sus manos y envenenaron sus mentes merecen el más enérgico de los castigos, es una verdad irrebatible. Pero no es esto lo que preocupa a nuestra ciudad. Lo que alarma no es tan sólo lo que hicieron, sino por qué pudieron hacerlo.

La respuesta es muy sencilla, aunque a la vez amarga y dolorosa: sólo se puede actuar impunemente cuando se ha perdido el respeto a la autoridad; cuando el Estado deja de mantener el orden público…Por doquier vemos el desorden instituido que casi parece desembocar en la anarquía, se suceden los choques sangrientos; las Universidades se encuentran convertidas en tierra de nadie; se otorgan mayores garantías al delincuente común que al ciudadano pacífico que se ve sujeto a atentados dinamiteros, asaltos bancarios, destrucción y muerte, eso es lo que los medios de comunicación nos informan cada día, cuando no tenemos que sufrirlos en carne propia o en la de familiares o amigos. Y a todo esto no se le pone remedio en la medida del daño que causa.

Que los lamentables acontecimientos que segaron estas vidas útiles sirvan al menos para poner de manifiesto hasta dónde se puede llegar cuando se dejan de reconocer o se combaten inexplicablemente los valores primarios que deben existir en toda sociedad auténticamente democrática cuando no se quieren respetar los derechos por igual por quienes tienen la obligación de garantizar el orden público y la seguridad de las personas.


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