La Era de Acuario

En el 2012 el mundo se acabará según algunas personas. ¡Con los años que tiene el mundo y  que me venga tocar a mi, que suerte la mía!

En la forma acostumbrada de medir el tiempo, tenemos las centurias o los siglos. Estos se cumulan y tenemos lo milenios. De alguna manera como que el cerebro se acomoda a esta medida y hace cambios, lo que da como resultado que cada cambio de siglo nuestra mente rehaga el camino y sus ideas. No son inmediatos, pero una década después el cambio se hace tangible.

En 1800 acaba el siglo XVIII y comienza el XIX, pero eso no es cierto hasta que en 1814 las potencias absolutistas derrotan a Napoleón y lo mandan a Elba. Solo entonces podemos admitir que el siglo XVIII se ha agotado. Una vez descartado el tirano, Europa se rehízo de arriba abajo y decapitó lo que quedaba de nobleza. Comenzaba la democracia de masas.

En 1900 acababa el siglo XIX, pero su final verdadero no llegó hasta 1914, cuando estalla la primera guerra mundial, que no era sino la función de apertura del siglo XX, cuyo signo heráldico es la hecatombe nuclear. Esa primera guerra, mero prólogo de la segunda, señala el punto de llegada del nuevo siglo a la conciencia universal. Luego, Revolución en Rusia, disolución de los imperios centrales, cataclismos coloniales, fascismo nipón, revolución en China, barbarie nazi; en fin, las grandes matanzas que han dado al siglo XX su tétrico escudo de armas.

Ya estrenamos siglo y milenio, ahora estamos estrenando década. Es de esperar, para seguir con la tradición, que en poco tiempo veamos las nuevas formas de pensar aunque también esperamos no verlas aparecer tan frenéticamente en forma de bombas por doquier. La crisis mundial ha trastocado la economía y sus formas, parecía que saldríamos de esta pero no se han hecho los cambios necesarios por lo que ahora Grecia está en el banquillo de los deudores, le seguirá España si no pasa otra cosa, y el Euro comenzará a bajar fuertemente. Esto parece un aviso de lo que sería en esta década que comienza, la inauguración oficial del milenio.

El siglo pasado nos dejó un olor en las manos a carne quemada que no nos lo hemos podido quitar con nada. Ya intentamos con paz y amor, con mercadotecnia, con tráfico de drogas, con el hedonismo de final de siglo; pero el olor sigue ahí. Entonces el olor desaparecerá al deshacernos de todos esos fardos. Esperemos ser más conscientes y cuando salgamos a hacer limpieza de las tristezas, vergüenzas y toda la hediondez de los 100 años anteriores, lo hagamos más como humanos que como simples hombres.

De otra manera la asepsia nos costará muy caro.

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