El Renacer de María Antonieta

Me da gusto encontrarme de vez en cuando personas irreverentes que no les importa lo políticamente correcto. Independientemente de si su opinión es compartida o no, por el sólo hecho de ir contra lo establecido da gusto leerlas. Yulia Latynina escritora del diario Times de Moscú y que además tiene su programa político de radio, escribió:

Foto: Wikipedia

La victoria de Victor Yanukovyvh en la elección presidencial del domingo -no como otras victorias de el ex presidente chileno Salvador Allende, el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad o Adolfo Hitler- una vez más avivan dudas acerca de la premisa principal de la democracia: la gente es capaz de escoger su propio lider. Desafortunadamente, sólo las personas acomodadas son realmente capaces de elegir sus lideres de manera responsable. La gente pobre elige políticos como Yanukovych o el presidente de Venezuela Hugo Chávez.

Cuando la revolución naranja golpeó Ucrania hace cinco años, la personas surgieron como una sola ola y no se permitieron a si mismas  ser engañadas por la corrompida élite. Esa élite que había alcanzado acuerdos con los criminales y oligarcas de la ciudad de Donetsk para convertir a un criminal menor, que no podía articular dos frases juntas, en el sucesor del ex presidente ucraniano Leonid Kuchma.

Las elecciones de Ucrania son las quintas desde que este país declaró su independencia de la URRSS en 1991, y en esta ocasión la votación fue el día 17 de Enero. He tratado de poner ligas en varios nombres ya que se que para muchos Ucrania pareciera un país de marte, y de esta manera podrán informarse un poco de que habla el artículo.

Pero lo principal es que pone en entredicho una votación donde la clase económicamente baja de la sociedad, vota en mayoría. Comenta que los lideres seleccionados por los pobres son generalmente personajes que terminan convirtiéndose en dictadores tropicales. Las masas harán las revoluciones, pero la política de altura al parecer les está vedada.

Si analizamos fríamente el asunto, estaremos de acuerdo con él, aunque no querramos decirlo ya que es “políticamente incorrecto”. Nos convertimos inmediatamente en seres aberrantes. El flaco no puede decirle nada al gordo respecto a su gordura, por que se ve mal. El rico no puede hablar despectivamente de la pobreza del pobre, por que se ve mal. El blanco, “Dios lo libre” de hablar mal de la negrura del negro, y al heterosexual se le crucifica cuando critica la homosexualidad. Si la crítica es en sentido opuesto, entonces todo mundo aplaude al negro por criticar al blanco, al pobre por vilipendiar al rico, al gordo por sufrir al no estar tan flaco, y al homosexual al llorar sus cuitas sexuales.

Y digo negro como digo blanco. Antes que un purista salte criticando mis adjetivos. No hay un contexto degradativo.

Marx argumentaba que una sociedad homogénea cultural y económicamente podría auto dirigir sus destinos. Lenin creía fervientemente en ello y pensó en una sociedad basada en comunas donde cada uno realizara la actividad que mejor convenía a ese grupo. A modo de células madres donde poco a poco cada una se especializa y la individualidad de la especialización permite al todo existir.

En este tipo de sociedad el nivel educativo sería tan alto, que difícilmente se caería en los engaños de los “truhanes sociales” y por ende, los encargados de administrar los poderes serían próceres designados por la alta capacidad de los ciudadanos.

La realidad ha demostrado ser diferente. La  alta educación por si sola no es garante de una alta democracia o de una sociedad equitativa. Hay formas de controlar la mente del más avispado, sin importar cuantos títulos adornen sus paredes. Hay formas de sensualizar los egos, de seducirlos, y con ello despertar pasiones por lo material, por lo prohibido.

Pero la democracia ha prometido ser el gobierno de todos. Nace en Grecia, y ni siquiera los griegos la pensaban así.Entonces la promesa no es de la democracia, al menos no de la heterodoxa. Más bien es una promesa azuzada por los miembros de las logias del siglo XVII, y que al ser el sonido de sus trompetas tan agradable como el del flautista de Amelín, ha sido un producto de fácil venta y promoción.

Cuando las clases más desprotegidas dan su voto, este lleva un gran bagage de desinformación por decir lo menos. Tendríamos que agregar que lleva hambre, mucha esperanza en el paternalismo, de populismo y de la poca importancia que le dan al vender su voto si le prometen una torta diaria. Por ello los lideres que las clases populares eligen son más pintorescos y ridículamente protagonistas.

En su artículo Yulia pareciera culpar al pobre de sus males. Pero si lee mejor se podrá apreciar que sobresale una verdad diferente: la ignorancia trae grandes males. Ya que la pobreza no es sinónimo de idiotez; esta no es una característica con patente social.

Los lideres emanados de las élites han estado en muchas ocasiones en contubernio con grandes mafias. No son tan pintorescos, pero realizan sus idioteces con un porte más aristocrático, sin embargo siguen siendo idioteces.

En breve. Es la idiotez  la causa de grandes males. Ya sea cuando se utiliza para votar, o cuando el votado actúa sin pensar. Lo interesante es saber cuales son las causas que la producen y tratar de eliminarlas. No se si son genéticas, adquiridas, trasmitidas, no se. Pero es un hecho que la ignorancia es un excelente caldo de cultivo para ella, y es por ello que se le relaciona con la pobreza, al ser esta un gran impedimento para la alta educación y las oportunidades de desarrollo. Por ello la formula pobreza = Ignorancia ha sido adoptada como un estereotipo, aunque no sea adecuada.

Si en un mundo perfecto, como el de Aldus Huxley o el de Tomas Moro, se erradicara la pobreza y el nivel educativo fuera demasiado alto, es seguro que la idiotez seguiría habitando, pero quizás su impacto fuera más prebicible, mas no evitable.

Por lo pronto la gente sigue queriendo darle pastelitos a los hambrientos. Sólo se arrepentirán cuando su cabeza ruede en el patíbulo.

Se puede pensar que la escritora moscovita no estaba hablando en serio, o que no es muy inteligente. Pero termina escribiendo una verdad con peso: Lo que la elección de Ucrania ha demostrado es que las dos grandes debilidades de la democracia moderna es la tendencia a temer a individuos fuertes (política y económicamente hablando) , y la tendencia a elegir a personas con mentes más sencillas.


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