Tristeza Esteparia


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“Me gusta la gente que es capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón…” (Mario Benedetti)

Que perdida de tiempo son las conversaciones que no son sinceras. Hablar de proyectos, de amistades, del mundo. Estar horas conversando y planeando y después darse cuenta que el tiempo, ese bien tan precioso, no fue bien invertido por que tus interlocutores no hablaban o actuaban con sinceridad.

Muchas personas no están acostumbradas a la sinceridad. Están acostumbradas a un mundo donde todos mienten, donde todos tienen doble cara o propósito. A un mundo de hipocresías y medias verdades.

Y centrados en esa visión es imposible distinguir la sinceridad. Cuando se topan de frente con ella no se dan cuenta, por el contrario, desconfían de ella por que no la conocen. Y creen que no es verdad, que como la sinceridad y la honestidad no existen, como son quimeras, esa persona que las ofrece debe ser un charlatán, un truhán.

Te ven llegar con la misma desconfianza que escuchan los pasos del ladrón por las madrugadas.

Quizás a estas alturas ya te habrás dado cuenta que el titulo del post obedece un poco al libro de Hesse (Lobo Estapario). Por que es una buena opción cuando se analiza. Es un poco dejar a un lado la “natural” desconfianza del hombre. Se que han sido siglos de entrenamiento. Que ya está en nuestro ADN. No podemos confiar, no debemos confiar, por que seremos decepcionados y por lo tanto nos sentiremos heridos. Es mejor estar a la expectativa, si alguien quiere mi confianza que se la gane, pero mientras eso pase todo extraño para mi es un ser indigno de mi confianza.

Me da tristeza, y a pesar de haber sido un solitario toda mi vida, un estepario. Siempre me sigo acercando a donde creo poder ser útil. Siempre con la mano extendida, a pesar de estar muy golpeada por ocasiones anteriores. Se que sueno a mártir, y no es así. Tampoco lo soy.

Pero cada vez que uno se acerca, y lo reciben con sonrisas, uno cree que es un buen lugar, que de algo servirá la aportación pequeña o grande que pueda uno hacer. Que hay decencia y sentido común en las personas. Y al final termina uno quejándose de ellas como el lobo al Hermano Francisco de Asís en el Poema de Rubén Darío. “…Déjame en el monte, déjame en el risco, déjame existir en mi libertad”.

Te ven como al lobo. Tus palabras se convierten en mordiscos por que van cargadas de sinceridad. Tus actos son arañazos por que son firmes y la sinceridad y la firmeza no deben ir juntas, al menos no para ellos. Están acostumbradas a verlas separadas. Es firme el huraño, el poderoso, el enemigo. NO lo puede ser el sincero, por que deja de serlo ya que al ser las dos cosas se convierte en una abominación. Así que mejor que no hable, por que hiere. Y si hiere es malo. Desconfía, ya que aunque sus frutos hayan sido dulces seguramente ocultan veneno. Desaste de ellos y busca otros, aunque sean amargos, al menos son conocidos, son los de diario.

Te prefieren oveja, aunque tus actos sean inocuos, infértiles. Pues son predecibles. Y eso los tranquiliza. Los balidos son tranquilizantes, incluso arrullan. No dañan, no hieren, por lo tanto son buenos. Esa es su lógica.

Han sido de esos días donde lo malo de uno, son los otros. Los amigos que no lo son tanto y apenas te diste cuenta. Los compañeros que no confían en ti (por algo debe ser, pero no lo dicen) gente que prefiere hablar con todo el mundo de ti en lugar de decirlo de frente. Las espaldas son buen lugar para clavar los puñales. En fin, algo no debo estar haciendo bien. Aunque en lo que hago pongo el corazón. Quizás no es suficiente.

Se tendrá que seguir caminando hacia el objetivo, pero esta vez de nuevo solo. Por que se dentro de mi que es lo correcto y seguiré poniendo el alma. Es increíble que seamos tantos millones de personas y no podamos ser humildes para dejar el egocentrismo de nuestros pensamientos y actos, y fundirnos en un abrazo, para después con compasión ver que necesita el otro que nosotros tenemos.

Preferimos desconfiar del otro ya que seguramente terminaremos teniendo razón de nuestra desconfianza, preferimos hablar a las espaldas. Preferimos dejar a un lado al que nos apoyo para un puesto o trabajo, o para un objetivo. Es mejor olvidarnos de él, no por ingratud, no, sino por que pesa menos la conciencia cuando nos olvidamos de las deudas adquiridas. Así pensamos que nuestros logros son nuestros, sólo nuestros. Que llegamos a donde estamos por que tenemos la capacidad. Que si soy parte de un movimiento, este se hizo solo, por arte de magia creció.

¡Que pobreza de espíritu, cuanto batallaremos en pasar por esa aguja! Seguramente piensan que pueden pasar a través de ella ocultos en el camello.

Es cansado el camino cuando uno tiene que estar frecuentemente demostrando que uno es sincero, que no tiene doble cara. Es muy aburrido y frustrante. Pero hay que recorrerlo y saborear los momentos cuando alguien te acompaña aunque sea unos tramos y luego no lo vuelvas a ver.

“Ya que amarnos los unos a los otros no resulta, ¿por qué no probamos amarnos los otros a los unos?” Mafalda

6 comentarios en “Tristeza Esteparia

  1. Asi las cosas. Para mi, lo frustrante de qe con qienes interactuas por gusto o necesidad te creean deshonesto, es como bien dices, el tiempo qe gastas en plantear ideas, emociones y sentimientos, ademas de tener la necesidad de en cada acto demostrar tu sinceridad… Mi regla de oro en este tema, todos de qienes me allego y con qienes convivo todos: mi madre, mis hermanos, mis sobrinos, mis amigas, sus esposos, mis vecinos, los hermanos de mi esposo, los amiguitos de mis hijos, las maestras de mis hijos, mi jefe, mis compañeros de causa, todooos son sinceros, hasta qe sus acciones me demuestren lo contrario.
    No se si sea bueno o malo, pero me ha funcionado y me siento biien.
    Prefiero pecar de crédula a “pecar” de desconfiada… Saludoss.

  2. Lacrox:

    Muy buena entrada. Me gusta mucho Herman Hesse. Y sin conocer las razones por las que escribes esto pues tengo que leer entre líneas. Son varias cosas, diferentes las que entiendo.

    1. Estás comprometido contigo mismo a ayudar. Eres consciente de lo que implica para tí, para tu familia, para tus amigos. Enfrentas las consecuencias naturalmente: celebras las buenas y te duelen las malas. Es natural y son éstas las cosas que tú puedes controlar. Tú conoces hasta dónde eres capaz de llevar tu compromiso. Tú sabes lo que te motiva a seguir. Tú sientes la satisfacción cuando ves los frutos y el dolor cuando te sientes atacado.

    2. En otro sitio nos encontramos los demás. Primero los que te apoyan por sus propias razones y compromisos, dispuestos a acompañarte en los tramos que ellos consideren, apoyándote de acuerdo a las capacidades. En este grupo caben muchas mentalidades, puntos de vista diferentes, con diferentes personalidades, cultura y educación. Todos con sus propios límites.
    Después están los que velan por sus intereses únicamente y aprovechan el movimiento para subirse a la ola. Y dependiendo del tamaño de movimiento que hayas logrado, será el tamaño de las bajezas que recibirás. Hay más gente interesada en que esto se olvide y trabajan diariamente entrando a los comentarios a sembrar la semilla de la desconfianza y por lo que he leído, lo hacen muy bién, como profesionales, como si estuvieran en alguna nómina.

    3. Y es diferente que tú tengas que demostrar que eres digno de confianza. Si tu trabajo no habla por tí, ¿entonces qué?. Si alguien considera que el movimiento lo formó él, pues muy su forma de ver las cosas. Si ese alguien cree que hasta aquí llegó, bién por él. Nada de esto depende de tí, ni debería modificar tu compromiso.

    Espero que sirva de algo esto que te digo. Te mando un abrazo.

    • No me espantan los desaires ajenos, ni sus ingratitudes, mucho menos las acusaciones falsas. Pero cuando vienen de personas cercanas son como golpes que no esperabas.

      Es la sorpresa del momento la que destantea, y si son 3 o 4 al mismo tiempo uno termina mal parado, mareado.

      Pero sirve para poner las cosas en perpectiva y así se tienen las cartas abiertas para en un futuro actuar en consecuencia.

      ¿Quién no ha sido defraudado? No pensemos, sin embargo, que el culpable es un sistema, o la sociedad, o un Estado, o una persona. Son nuestras ilusiones las que nos van defraudando. Todo comienza en el calor del vientre materno y el descubrimiento de que hace frío allá afuera.

      ¿Y acaso es culpa del frío que haga frío?

  3. Mi querido Lacrox:

    La vida en si es una constante lucha. Se que todos tenemos diferentes limitaciones y comportamientos. Y es muy triste, a veces que otros vean tus carencias y te lo recuerden constantemente. Pero hay algo muy importante que mencionas:

    “Es cansado el camino cuando uno tiene que estar frecuentemente demostrando que uno es sincero, que no tiene doble cara. Es muy aburrido y frustrante. Pero hay que recorrerlo y saborear los momentos cuando alguien te acompaña aunque sea unos tramos y luego no lo vuelvas a ver”.

    Te invito a que sea este el momento que predomine en nuestro andar, y vamos disfrutando ese andar.

    Sin importar que tan frecuente sea y cuanto tiempo falte para seguir juntos.

    Lo importante es dejar huellas, que se llevaran marcadas en nuestros corazones, y quiza algun dia se recordaran, y sé que siempre, por muy lejana que quede, se presentara una llamada y se recordara ese andar.

    Comparto mucho los puntos de Ana Isabel.

    Saludos a ambos……….

    • Querida Sandra.

      Cuando escribí el post no hable de ninguna carencia. Se que tengo un plétora de ellas, pero nunca mencioné mi congoja por que alguien hubiera señalado alguna.

      De hecho el post es inspirado por el actuar de los demás, no por el mio. Pero al parecer sabes algo de lo que yo no estoy enterado y quizás alguna reacción de alguna persona estuvo inspirada en una carencia de mi parte, de la cual no me han llegado noticias.

      Creo que no me informarás de ello, pero ya que tu afirmas, tu pruebas. ¿A qué carencia te refieres? Nuestro caminar será más relajado si hablamos claro.

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