En Busca De La Sociedad Perdida

Ella se acercó despacio. Sirvió una taza de té, en la porcelana de siempre.

El dio un sorbo a la infusión, la disfrutó. Mejoraba un poco su maltratado ánimo y le iba a la tarde lluviosa de verano. Siempre se había preguntado porqué las lluvias de verano gustaban tanto de anunciarse tan estruendosamente.

Los niños ya dormían, y la tormenta se alejaba.

Pero no la de ellos, no sabían cuando acabaría. Cada día, desde ese día la tensión aumentaba. Habían pasado de ser una pareja envidiada a una familia perseguida.

Ella le dio un beso sincero en la mejilla, se conocían de toda la vida.

-Tenemos que hablar, le dijo. El ya lo esperaba. Hace semanas que lo temía.

-Claro, adelante. Su voz sonaba serena.

-Me llamó mi papá. Me dice….

Tomó aire, no era fácil. Había repasado cada palabra, pero aún así, ya frente a él, no salían.

-Me dice que tenemos que salvar lo que nos queda. toda la familia se ha visto afectada y no han podido lograr avances en el proceso judicial. Ha hecho muchas llamadas a palacio, pero no ha logrado respuesta, ya no se las pasan a mi tía. Parece ser que estamos por nuestra cuenta.

Suelta el llanto.

– !Ya no puedo más, no quiero vivir huyendo, no soy una criminal¡ Mi mamá me dice que si nos divorciamos salvaremos a los niños. Mostraremos dignidad en nuestro apellido. Tu sabes lo importante que es para mi familia. Ella no quiere salir, todos la señalan. Sus amigas ya no la buscan.

-¿No te importa que me echen a los perros? pregunta tímidamente él, aunque su pregunta parece retórica.

-Tu sabes que hemos hecho de todo, le dice ella sollozando. Hemos buscado todas las maneras, pero están dispuestos a sacrificarnos y no podemos permitir que los niños se vean afectados, debemos salvarlos y mi apellido. Sabías lo importante que era, desde niños lo sabias.

-Dame más azúcar, le dijo él mientras trataba de alcanzar el recipiente.

-¿Entonces? insiste ella. -Quizás sea por un poco tiempo, pero debes entenderme. Si todo sale bien volveremos a ser como siempre. hazlo por mi, por tus hijos. Mi papá hará que al final todo salga bien.

El inspira hondo.

-Dile a tu padre que lo haré. Prefiero el divorcio al suicidio. Se que es la única salida.

Tomó un poco de azúcar, su mano tiembla. Ella trata de ayudarlo pero él la rechaza amablemente. Revuelve el té y le da un nuevo sorbo. Ahora siente un nuevo sabor, un dejo amargoso, un dejo a soledad.

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2 comentarios en “En Busca De La Sociedad Perdida

  1. Hola, ¡qué tal! Esta bien este fragmento, pero me surge una pregunta, el suicidio ¿es una buena solución al problema que se intenta evadir?
    Es posible que en este tipo de sociedad las emociones están limitadas, donde primero es el apellido que los individuos? Qué tristeza me da.

    • Habría que ver si en este caso es sólo el apellido el que conlleva el instinto de conservación, no creo que sea eso, uno acude a la figura paterna o familiar cuando se ve en aprietos, de cualquiera que sea su índole. Lacrox presupone en la ficción del diálogo entre esposos la idea de suicidio por lo trágico y ominoso del hecho en sí: la muerte de 48 niños es algo que quedará marcado, no sólo en nosotros mismos, los que no la vivimos de cerca por ser parientes directos, sino también en la conciencia de los dueños de la guardería. Entonces sí, respondiendo a tu pregunta acerca del suicidio, obvio que éste no arregla nada, al menos moralmente, pero ya de vuelta en el relato el suicidio también subraya la posible descomposición, a nivel interno, de las familias de los dueños, y en este caso alude a la “gravedad” que implicaría la toma de decisiones y la posible “separación” matrimonial de los protagonistas: el suicidio visto como la “muerte de una familia feliz”. Para más sobre el suicidio, hay que leer a Cioran, filósofo rumano muerto en la última década del siglo XX. Hiciste que recordara a un gran amigo, filósofo zacatecano, que me decía alguna vez que él no entendía por qué Cioran, apologista del suicidio, no habría terminado suicidándose él mismo. Hay que leer sus disertaciones filosóficas (Cioran, claro!) sobre el tema, y olvidarse de subjetivar, diría yo, cuando lo importante más bien está en “el decir”.

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